Palabras torcidas

Favor de prender su imaginación

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5 remedios caseros para combatir el continuo desánimo y las innegables pataletas.

Cada una de ellas son comprobables. Por otra persona cuando te encuentran sin pulso 20 minutos después. 

1: Pon a hervir semillas de hinojo secas, colócalas calientes en tus fosas nasales, trata de mantenerlas durante una hora.

2: Coge el cuchillo más filoso de tu cocina, comienza a cortar en tiras algunas zanahorias usando de tabla tu estómago, desconcéntrate totalmente, el chiste es hacerlo mal y acabar perforando tu intestino.

3: Para lavar el piso, esta vez usarás mantequilla, baña toda una pieza con mantequilla o aceite, algo muy resbaloso (y obviamente, barato, por que esto es casero, no hay que olvidarlo) ahora corre en círculos hasta buscarte una contusión, despeja aquellos objetos como almohadas que te acolchonarían la caída.

4: Mientras tratas de levantar los juguetes tirados u objetos insignificantes que por algo están en el suelo, trata de colgarte muy fuerte de los pies, hasta que la soga haga de tu cuerpo una berenjena.

5: Juega con la comida, por última vez; ten a la mano un racimo de uvas, lanzarás una por una sobre la pared, como ping pong de uvas, pero las atraparás con la boca, lánzalas con fuerza para que reboten bien padre y logres ahogarte. 

Si eres menor de edad no podrás llevar acabo ninguno de estos remedios a menos que haya algún adulto que lo apruebe. 

SC

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El Verdugo

Ahí empecé… con un dedo congelado y los otros nueve moviéndose rápidamente para saludar el día ordinario, blanco, sin tema temático. Los pies se me enfriaron, como si de pronto llovieran cubos de hielo sobre ellos, aún con el frió impensable en un irónico día de primavera, 2 de Abril, mis ojos no se movían, no se abrían, no se trituraban ante la luz resplandeciente y de colores amarillentos que entraban por mi ventana, nisiquiera el calor de la gente tripulante de las calles, me hacían desear dejar mi cama y seguir su insignificante mismo ritmo, el tiempo tocaba en mis párpados como un visitante la puerta del visitado, toc-to…interrumpían los insectos formados como ejército de incomodidad humana, de molestia a otra especie, las patitas inquilinas de una cucaracha, ¿que si me importaba tenerla como huésped tóxico? ni tantito, la prefería ante una persona que tiende su ropa mojada en la parte inferior de la cama, a un hombre que manipula el tercio de cerebro para coger sin previo aviso o a una mujer con cabello bonito que no sabe ni abrir la mermelada, esas cosas, esa gente sí es del diablo, es chupada en el averno sin escape, sin echar un vistazo a la buena vida, a la vida siquiera. 

Como ya llevaba diez minutos sin remedio, sin despertar plenamente mientras mi cuerpo daba señales de actividad, mi alma encarcelada por el dolor de mis huesos, era una vacilada, estaba echa un nudo, me traje desde el futuro a mirar que pasaba, mis ojos estaban siendo comidos por mi estómago, ya no podría abrirlos nunca más, mis pies estaban temblando como en escala 6.3 Ritcher, mis brazos querían un abrazo, buscaban el úlitmo apapacho, pero la cucaracha no me lo iba a dar, de pronto me retorcí como para despojarme de mi cuerpo y salir volando, pateando la ventana a esos cuentos mágicos, a esas letras y páginas selladas para siempre con alegría, pero no, me veía con un color que proyectaba vida y muerte, el contraste me estaba permitiendo darme cuenta que tal vez quedaba un poco de movimiento, de aceptación a la vida, pero me desbaraté cuando mi cuerpo insistió en el aferro, en la enajenación a la vida misma, así que mis ojos del mañana decidieron dispararme para dejar de sufrir, para no molestar más la ingenuidad humana, la molestia de la familia, o el enfado con cualquier cosa inerte, me fui, me abandoné, no me permití afrontar lo que ya tenía o lo que habría de venir, me fui porque era lo que yo en algún momento iba acabar siendo, solamente aceleré el proceso, cuerpo. 

Salma Rex.

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No se me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higo; un cutis de durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí!—y en esto soy irreductible—no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. ¡Si no saben volar pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Oliverio Girondo/ Espantapájaros

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El aire muerto da forma a la tierra muerta en la muerta oscuridad, da forma a la tierra muerta hasta más allá de donde alcanza la vista. Se posa sobre mí, muerto y caliente, y me toca la carne desnuda a través de la ropa
William Faulkner. Mientras Agonizo. 

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